Por Pino
En los difíciles momentos que atraviesa Bolivia, cuando la incertidumbre económica, la polarización política y el debilitamiento institucional amenazan la estabilidad nacional, resulta necesario reflexionar serenamente sobre el papel histórico que ha desempeñado Santa Cruz dentro de la construcción del país.
Hablar de la “lucha de Santa Cruz” no significa hablar de enfrentamiento contra Bolivia. Por el contrario, significa comprender una larga historia regional profundamente vinculada al esfuerzo por transformar a Bolivia en una nación más integrada, más descentralizada, más productiva y libre.
Durante décadas, algunos sectores intentaron presentar a Santa Cruz como una región separatista. Sin embargo, un análisis histórico más profundo demuestra que las principales luchas cruceñas estuvieron orientadas, fundamentalmente, a combatir el centralismo y promover autonomías regionales capaces de generar desarrollo para todas las regiones del país.
La lucha por el ferrocarril, por las carreteras de integración, por las regalías petroleras, por la descentralización administrativa, por las autonomías municipales y departamentales, no buscaba aislar a Santa Cruz, sino integrar mejor a Bolivia y distribuir más equilibradamente las oportunidades de progreso.
Incluso procesos fundamentales como la Ley de Participación Popular tuvieron participación de profesionales e intelectuales vinculados al pensamiento descentralizador y regionalista, que entendían que el fortalecimiento de municipios y regiones era indispensable para democratizar el país.
La historia moderna de Santa Cruz también estuvo marcada por otra lucha silenciosa y dolorosa: la defensa de la institucionalidad frente al narcotráfico, el crimen organizado y la corrupción. La muerte de Noel Kempff Mercado simbolizó dramáticamente el choque entre la ciencia, la naturaleza y las estructuras criminales que comenzaron a penetrar territorios e instituciones bolivianas. (Museo Noel Kempff)
Desde entonces, una parte importante de la conciencia cívica cruceña comprendió que la defensa de la democracia también implicaba defender:
el Estado de derecho,
la independencia institucional,
la transparencia,
la seguridad jurídica,
y la ética pública.
Santa Cruz entendió que no existe libertad económica verdadera sin instituciones fuertes. Y no existe democracia estable cuando el crimen organizado penetra la política, la justicia o la economía.
Pero la lucha de Santa Cruz no se limita a la resistencia política. Su principal batalla histórica ha sido siempre la construcción.
Construir producción.
Construir trabajo.
Construir educación.
Construir oportunidades.
La región aprendió que el progreso no nace solamente de los discursos, sino del esfuerzo humano organizado, de la creatividad, del emprendimiento y de la capacidad de transformar adversidades en crecimiento.
Por ello, Santa Cruz desarrolló una cultura profundamente vinculada:
al trabajo,
a la producción agropecuaria,
a la exportación,
a la innovación,
al emprendimiento,
y a la educación como herramienta de movilidad social.
No es casualidad que el crecimiento económico de Santa Cruz haya estado acompañado por la expansión universitaria, la migración nacional e internacional, el desarrollo agroindustrial y la integración territorial de Bolivia.
Hoy, cuando Bolivia atraviesa momentos de tensión e incertidumbre, Santa Cruz vuelve a colocarse en “plan de lucha”. Pero esta lucha no debería entenderse como una lucha contra otros bolivianos. Debe entenderse como una lucha por preservar:
la democracia,
las libertades,
la institucionalidad,
el respeto constitucional,
y el derecho de las personas a crear, producir y vivir con dignidad.
La verdadera fuerza de Santa Cruz no está solamente en su economía. Está en su capacidad humana y creativa. Está en la energía de su gente. Está en la convicción de que Bolivia puede salir adelante mediante más libertad, más educación, más institucionalidad y más integración nacional.
Santa Cruz no lucha para dividir Bolivia.
Santa Cruz lucha porque cree profundamente en una Bolivia capaz de crecer sin miedo, producir sin trabas, educar sin límites y vivir en democracia.

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